El pasado viernes al salir del trabajo cogí un tren a Almería, así que me he levanté tempranito, cogí el metro y después una bici (sevici) y he llegado al trabajo la mar de contento, además al ir en bici me iba dando la brisita mañanera en la cara y ha sido una gozada.

El problema ha sido cuando al salir del trabajo he vuelto a coger la bici para ir a la estación de tren. Iba cargado con la mochila del portatil y la de la ropa. Así que ahi me teneis, a las 3 de la tarde por el carril bici recorriendo 1,5 kilometros. He llegado medio muerto, encima me adelantaba TODO el mundo, incluso una señora de avanzada edad me pedía paso por que se ve que mi velocidad la entorpecía. Esto me hace reflexionar sobre mi actual estado físico, aunque claro, teniendo en cuenta que iba cargado como una mula puede ser que este en forma y que por culpa del exceso de equipaje hasta la buena ancianita me adelantase.

Y a tiempo he llegado al tren y al montarme se ha vuelto a repetir la historia, gente que llega sin billete, personas que se sienta donde le sale de las narices, veamos señores si os dan un asiento específico en el tren es para que lo utilices, no para que llegues y te sientes donde quieras como si esto fuese el salón de tu casa.

Hasta ahí todo normal, la novedad ha sido el que se ha sentado a mi lado tenía billete para ir a Almería, pero ni coincidía la hora de salida, ni el tipo de tren. Vamos la caña. Y lo mejor es que el revisor le debía haber cobrado el billete de este tren pero se lo ha perdonado, se le ve buena persona.

¿Y que más? pues que ha empezado a hablarme, hasta ahí bien, pero es que no paraba de hablarme y como el viaje dura 5:25 horas dije, venga, vamos a sacar el portatil me pongo una peli y cuando vea que me pongo los cascos pues dejará de hablarme. Pero que va, ha seguido hablándome y cada vez que me hablaba paraba la peli me quitaba los cascos y atendía su conversación y cuando terminaba me volvía a poner los cascos y a poner la peli. Bien, este bucle lo hemos repetido como diez veces, hasta que me he dormido y cuando me he despertado ha vuelto a hablarme y a preguntarme mil millones de cosas. Se que soy poco sociable, pero de verdad, todo tiene un limite.

Al final, al quedarse vacíos los asientos de al lado se ha mudado y los dos hemos compartido el silencio.

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