Este finde vinieron unos amigos a Sevilla, porque entre otras cosas íbamos a ver….cha chán!!!!!! redobles de tambores brrbrbrbrbrbrbrbrbr

Si amigos, al circo del sol. La última vez que fui al circo creo que tenía unos 6 añitos y fue para ver el circo de Angel Cristo, así que no veas la que ha caído desde entonces.

Citando al torero aquel de Ubrique sólo puedo resumirlo en dos palabras IM PRESIONANTE. Hacía muchísimo tiempo que no se me ponían los pelos de punta, me reía a carcajadas, me emocionaba, me ponían el corazón en un puño con las piruetas y equilibrios que hacían y sin decir el quedarme con la boca abierta de la belleza con la ejecutaban cada una de las coreografías. Si no lo habéis visto, TENEIS QUE IR!!!

Así que si teneis la oportunidad de ir no lo dudeis. Eso si, mi consejo es que intenteis comprar el asiento de los que están centrados y no necesariamente los más caros son los mejores. Los más caros están casi a pie de pista y sí, estas cerca, pero pierdes bastante perspectiva, mientras que si cojes el del siguiente rango de precio pero centrado ahí creo que lo vereis mejor que nadie. Como siempre, la virtud esta en el término medio 😉 Llevaos una botellita de agua porque dentro los precios son la leche.

Después del subidón del circo teníamos una mesa en un restaurante japones que hay en el centro, al lado de la catedral. Como uno está inmerso en esto de las tecnologías 2.0, reservé con antelación vía web y todo genial. Si, todo genial hasta que llegamos al restaurante, al ponernos delante de la puerta vemos que el japonés no esta WTF!!!!!!!! así que entro y le digo a la srta que había por allí…mira perdona perdona, pero es que tenía una reserva para cuatro personas en un restaurante japonés que había aquí… a lo que me responde que si, que había un restaurante japonés pero que ya no, que el dueño del hotel ha pensado que mejor un italiano.

Si, a cuadros nos quedamos, con lo fácil [momento friki on] que hubiese sido poner un trigger en la base de datos para que se mandase un mail al usuario si cambia el restaurante. Pero bueno, entramos porque la chica nos dijo que el segundo de Martín Berasategui era el que llevaba el italiano y que había un cocinero siciliano haciendo las pizzas. Pues por lo que comimos se ve que el segundo de Berasategui estaba de vacaciones y el cociniero siciliano le estaría poniendo unos zapatos de cemento a alguien porque las pizzas de buitoni le dan mil millones de vueltas a la pizza que me tomé y la pasta de mis acompañantes tampoco era para tirar cohetes…así es la vida

El único italiano que recuerdo con gusto era uno que había en Dublin cerca del Temple Bar al ladito del rio Liffey, con un viejecillo cantando canciones con su violín….

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