Pues empieza el viaje, lo primero fue llegar a Alicante en coche y como había autopista de peaje pues nada, como los señores no fuese a ser que nos encontrásemos con algún tipo de atasco de gente intentando llegar a la playa.

Al llegar al aeropuerto lo primero que vimos fue a unos ingleses que iban a Benidorm a celebrar la despedida de soltero de uno de ellos, que mejor sitio para desfasar no?

Pues nada, ya en el aeropuerto y pasado el control de Ryanair nos llevaron al avión en Autobus!!!!! se ve que les cobran menos aparcando el avión a las afueras del aeropuerto y dieron unos tres viajes para llevarnos a todos. Pasó una cosa curiosa cuando nos estaban explicando las normas de evacuación del avión, resulta que un español se levantó a coger algo del portaequipajes y la azafata cogió el micro y le dijo se siente otia que estamos explicando algo que le interesa!!!!! La verdad es que normalmente la gente pasa un kilo de las advertencias de seguridad, quizás porque ya la han escuchado muchas veces, pero esto no es iberia, cuando te dicen que te estes en tu asiento porque te van a explicar algo a callar y a hacer como que atiendes…

Ya en el aeropuerto de Liverpool, que por cierto, el aterrizaje fue un poquito accidentado, fuimos a por el autobus Arriva Airlink 500 que te deja en el centro de la ciudad, muy cómodo y cuesta 3 libras. De ahí fuimos andando al hotel que estaba en el Albert Dock y una de las cosas buena que tiene es que es como un apartahotel, con su cocina/microndas/nevera/lavavajillas vamos, una cucada y no mucho más caro que otros que había por los alrededores. Hay que decir que Inglaterra no es que se distinga por los precios baratos en sus hoteles, además tienes que estar pendiente siempre de si la habitación es con baño compartido (uno va teniendo una edad y la próstata no perdona) así que mira, este estaba genial de la muerte 😀

Total, como llegamos a eso de la una hora local lo suyo era ir a comer algo que estábamos lampando. Nos habían recomendado una pizzería cercana al hotel que se llama Pizza Express, así que nos pedimos un platito de tomate con provolone y una pizza de no recuerdo qué, el caso es que es una de las mejores pizzas que he comido en mi vida (quitando una porción de pizza que me compré en Florencia que estaba para morirse). La salsa de tomate que llevaba la pizza era superior, vamos, totalmente recomendable.

Después nos fuimos a reconocer el centro y ver donde estaban los sitios de interés, comprita en el Tesco para cenar tranquilitos y una pinta para rematar el día. Una cosa curiosa es que cuando entramos en un bar a tomar una cerveza y vi los tiradores me encontré con San Miguel (la cerveza no el santo) y se ve que tiene que triunfar por allí porque en varios bares a los que fuimos la tenían en los tiradores.

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